miércoles, 17 de octubre de 2007

El final sin principio

No sé como explicarlo, el caso es que llevo todo el verano entero con una idea bailando en mi cabeza...no tiene mucho sentido, no tiene credibilidad, pero lo que realmente no tiene es comienzo. Mi idea, es como un flash en mi mente que unicamente me deja ver un segundo de lo que podría ser una historia, mi historia, o la de cualqueir otro...Alla voy.



Al salir de casa ella llamó a su chico por teléfono: "Esta noche no podré ir al cine contigo como te prometí.Me ha pasado algo extrañísimo. Hoy en la piscina me encontre a María, ¿te acuerdas de María?......sí......no, no esa no.Te hablo de María Olmedo......si.... si, mi amiga...¿no te acuerdas?...la que iba al cole conmigo...El caso, es que hemos estado un rato hablando.....no sé hablando, pues de tonterías...lo típico que se habla cuando llevas doce años sin ver a una persona...La cosa es que me ha dicho que porqué no quedabamos esta noche que iba a ir con unas amigas a un bar de no sé que barrio...me ha insistido mucho y al final he aceptado.....ya, Juan ya sé que había quedado contigo esta noche...pero es María...Lo siento."

* * *

Lola. Lola es una mujer. Pero no es lo que se entiende por mujer. La gente mira extrañada a Lola por la calle. Lola es diferente a los ojos de la aturdida gente. Lola tiene una aburrida vida. Procura que su vida sea como el martini: agitada, no revuelta. Lola se disgusta a menudo. Lola tiene problemas a los ojos de la aturdida gente: Lola es lesbiana.
Al salir del trabajo. Después de sentirse extrañamente mirada por la aturdida gente, decidió que estaba cansada de sentirse disgustada a menudo y, lo que resultaba más triste aun: Lola no tenía novia, ni amante, ni compañera, ni amiga con derecho a roce, ni amiga sin derecho a él...Lola no tenía nada de eso. Lola estaba sola. Lola estaba cansada de sentirse sola y decidió que esa noche su vida debería cambiar. Si Lola no cambiaba su vida, creyó, "No merece la pena seguir viviéndola".
Esa misma noche, Lola, fue a un bar perdido en las entrañas de un barrio de Madrid.

* * *

El bar desprendía olor a caramelo, mezclado con la nube de tabaco que difuminaba tan bello olor. Ella se sintió extraña. Al atravesar la puerta de aquel bar perdido en no sé que barrio, se dió cuenta de que aquel bar no era precisamente la idea que ella tenía de "bar". En aquel lugar únicamente había mujeres. Mujeres que danzaban unas junto a otras bajo la oscuridad de los focos rojos. Algunas se acariciaban, otras se besaban,otras solo se miraban desde la lejanía. En ese momento María la llamó: "Ey, ven a bailar a la pista". Ella, como una marioneta, la siguió.
Lola se sentía fragil. "Soy Lola, ¿qué hago que no voy a por un martini?", se dijo. Lola se deslizó entre la femenina multitud.
Sus cuerpos no se rozaron, no hizo falta, únicamente sus dedos se entrelazaron entre la música.
Ella volvió la vista atrás, como un Orfeo deseoso de ver a su Perséfone...Fue suficiente. No fue necesario nada más.

* * *

Cuando Lola llegó a su casa se sientió confusa. No se había sentido observada por la aturdida gente a su paso. Lola no sentía melancólica: solo tenía sitio para la felicidad. Lola encontró su razón para seguir viviendo: la razón la abandonó en un bar perdido en las entrañas de Madrid.
Ella se sentía desconocida, no había podido bailar en toda la noche algo se lo impedió, una extraza fuerza la hacía sentirse pesada, y a la vez ágil. Algo ocurría en su mano. Todavía la tenía cerrada. La abrío y un papel. Lo abrió y un número. Un número le había devuelto la sonrisa.


Esta historia requiere principio, si alguna persona resulta iluminada por el principio que esta historia necesita, por favor, comuníquelo a las autoridades locales. Gracias

3 comentarios:

not exactly dijo...

Tropecé de camino entre mi blog y el de Madness y me encontré contigo, ¿de dónde has salido?

Castigada sin postre dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Griada dijo...

Me ha caído bien Lola. A la pobre se la veía un poco reprimida. ¡Ja, ja, ja!
Espero que le esté yendo bien la vida, y que no pase a menudo por no-se-qué barrio de Madrid porque, le aviso, desde la experiencia, que está lleno de guarras.
¡Ja, ja, ja!.

Te he descubierto (jurujú), alguien me dio un chivatazo.